lunes 15 de diciembre de 2008

El miedo de Bush al zapato

Después del mustio y aburrido partido del sábado entre un Madrid enfermo de pasado y un Barça con ambición de futuro, iba a hablar hoy aquí de El miedo del portero al penalti (1970), la novela de Peter Handke (1942), para establecer una reflexión sobre Iker Casillas y la Literatura. Pero después de ver un vídeo sobre Bush y leer la noticia, no he podido remediarlo y modificar algunas cosas del post.

El humor es una virtud de muy pocos, mientras que la gracia, un vicio de muchos. Algunos políticos (casi todos) acostumbran a entretenernos con sus burlescas palabras y sus traviesos humores. Sueltan sus gracias y mediocres sentencias por aquí y por allá como si fuesen una garantía del buen decir y del buen actuar, cuando, en realidad, como sabemos, al buen callar lo llaman Sancho.

Supongo que los acontecimientos escriben y modifican la historia y que, en cierta manera, dentro de todo escritor vive un visionario, frustrado, pero visionario. De ahí la calificación de “perro” que le adjudiqué el pasado jueves a Bush y que ahora sea noticia.

Ayer estuvo en Irak, despidiéndose de su guerra, alabando su tarea, hablando de su patria y de su justicia como el gran filósofo que siempre ha soñado ser. Si en todo escritor vive un visionario frustrado, dentro de todo político vive la frustración por lo que es en conflicto con lo que nunca será: por ejemplo, en Zapatero vive el poeta; en Aznar, por supuesto, el filósofo; en Esperanza Aguirre, la amazona; en Bush vive el humorista, frustrado, pero humorista.





Véamoslo más claro: cuando ayer en Irak, el corresponsal del canal Al-Baghdadia acompañó su ofensiva de calzado gritando en árabe «Toma tu beso de despedida de parte del pueblo iraquí, pedazo de perro», en el fondo estaba haciendo de anfitrión para que Bush se luciera y soltara una de sus famosísimas perlas (como la del pavo de plástico): «Todo lo que tengo que informar es que los zapatos eran del número 42», dijo esta vez.

Una cosa más, y termino: lanzar zapatos a alguien en un país árabe es una de las mayores ofensas (junto con llamarlo “perro”) que se pueden cometer contra un a persona.

Será por esta razón que se dice que Bush ha encontrado en Irak la horma de su zapato.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Bravo, Mateo!

J.

Mateo de Paz dijo...

Ni que fuese un torero, J.
Saludos,
Mateo

Anónimo dijo...

Lanzemos nuestros zapatos a Bush. Bueno, si vuelve, Zapatero, en lugar de quedarse sentado, ya sabe lo que puede hacer... (¡jajaja!)

El Observador Sarcástico dijo...

He estado echando un vistazo por tu blog, y me ha gustado mucho lo que he visto. Muy interesante, la verdad. Enhorabuena.

En cuanto a Bush, fue más cómico que trágico lo que le hizo el "ceniciento" irakí, pero sin duda algún reproche se merecía este "buen" señor.

Un saludo.

Mateo de Paz dijo...

Muchas gracias por los cumplidos, Observador.
Ya verás como se internacionaliza el lanzamiento de zapatos, ya verás...

ca dijo...

¿Entiendo Mateo por tu último comentario que serán los zapatos las nuevas armas de destrucción masiva?

Mateo de Paz dijo...

Sí, sí, seguro. Vamos que de ahora en adelante no hay que tirar los zapatos viejos porque tienen su uso.