No recuerdo si lo he leído en alguna de esas bitácoras furibundas que andan por la Red, pero me viene a la cabeza (creo) que el antisemitismo nació al mismo tiempo que la leyenda del judío errante. Hay muchas versiones, pero su historia, en definitiva, es la historia de un empujón: cuando Ausero, zapatero de Jerusalén, expulsó a Cristo del marco de la puerta de su casa al detenerse allí para descansar camino del Calvario. La respuesta es similar al pecado cometido: el zapatero, tras ese empujón y montar la de Dios es Cristo, fue forzado a recorrer el mundo sin descanso alguno como un judío errante.El empujón judío, como muchos, nace de un dilema con el espacio. Uno se siente amo de su casa y, en lugar de albergar al que sufre, lo echa a empujones. Es como entrar a un bar repleto de gente y encontrar solo un pequeño hueco en la barra, pedir una cerveza y situarnos allí para beber. Aunque no cabe un alfiler en un espacio tan reducido, ofrecemos parte del nuestro al siguiente cliente que entra para que pueda beber. En este caso, sin embargo, a pesar de haber compartido ese pedazo de barra, no contento con lo que cedemos, el nuevo cliente quiere aún más territorio y comienza a empujarnos hasta que, finalmente, termina por echarnos.
Un autor al que recomiendo leer estas navidades es Joseph Roth (1894-1939); una obra, Judíos errantes (Acantilado, 2008), escrita hacia 1927, cuando el pueblo judío era perseguido y estaba a punto de ser masacrado, tal y como sucede ahora con el pueblo palestino. Ayer me acordé de que tenía este libro en la biblioteca de casa, y he decidido, antes de que acabe el año, y deseando que el próximo sea mejor, enseñaros algunos fragmentos que subrayé hacia el verano, a ver qué os parecen. Se trata de varios pasajes del prefacio de 1937 a una proyectada nueva edición en la editorial Allert de Lange de Ámsterdam, dos años antes de morir en París:
- “Había caído en la arrogancia. Había perdido al Dios de sus padres y ganado al ídolo del patriotismo civilizador. Pero Dios no se había olvidado de él. Y lo envió a la emigración: pena apropiada para los judíos... y para los demás. Para que no olviden que nada en este mundo es permanente, y la patria tampoco; y que nuestra vida es efímera, más efímera aún que la de los elefantes, los cocodrilos y los cuervos. Hasta los papagayos son más longevos que nosotros”
- “Cuando sobreviene una catástrofe, la conmoción vuelve caritativas a las personas que se hallan cerca. Parece como si los hombres supieran que las catástrofes duran poco. Los vecinos de una catástrofe crónica, sin embargo, son tan escasamente capaces de soportarla que tanto ésta como sus víctimas poco a poco llegan a resultarles indiferentes, cuando no molestas”
- “En un mundo como éste no se trata ya de que sea imposible el que los emigrantes reciban pan y trabajo: es casi un sobreentendido. Pero es que también es imposible que reciban una de esas cosas que llamamos «papeles». Y ¿qué es un ser humano sin papeles? ¡Menos que un papel sin un ser humano!”
- “Se peregrina hacia el engaño..., hacia la peor especie de engaño, a saber, el autoengaño. Pero también se peregrina de una autoridad a otra, de la comisaría a la jefatura de policía, de la oficina de recaudación de impuestos a la delegación del partido nacionalsocialista, se peregrina del campo de concentración a la policía, de la policía al tribunal, del tribunal a la prisión, de la prisión al campo de reeducación”
- “Sólo muy pocos y selectos creyentes cristianos se han dado cuenta de que aquí -por vez primera en la larga y vergonzosa historia de las persecuciones contra los judíos- la desgracia de los judíos es idéntica a la de los cristianos. Cuando en Breslau apalean a Moritz Finkelstein, a quien en realidad pretenden apalear es a aquel judío de Nazaret”
- “Así pues, resulta verosímil prever que, entre los alemanes, los judíos seguirán siendo parias. No ser que se cuente con la poco menos que utópica idea de que Europa vuelva a encontrar su propia conciencia; que una ley reconocida colectivamente prohíba el necio punto de vista de la denominada «no intervención», la cual procede del simplemente vulgar y plebeyo proverbio: «Cada uno en su casa». La filosofía que desde hace unos decenios rige el mundo es, en verdad, la de los amos de la casa. Más bien, por el contrario, debería ir uno a casa de los demás. Nadie puede prohibirme entrar en casa de mi vecino si éste está a punto de matar a sus hijos a hachazos. No puede haber una moral europea, ni europeo-cristiana, mientras subsista el principio de la «no intervención»”
6 comentarios:
Esto es de lo mas interesante, a estas pocas horas de acabar el año, que hé leido de sensato en la red, entre tanto caos y desconcierto. Bienvenido a la realidad de siempre!
Gracias y que el futuro nos sonria a todos, pero sobre todo nos abra las neuronas y todos los horizontes, y que el odio se diluya en el Amor no ciego y constante!
Un abrazo, en blanco y negro, pero igualmente en todos los colores..., como el del arcoIris, ¿por ejemplo?
meim
Buscaba en internet información sobre este genocidio judío sobre los palestinos, la forma como están impidiendo que los periodistas informen de cuanto sucede, y me he topado con tu blog.
Estoy de acuerdo con las palabras de la anterior navegante.
Buen texto y buenas citas.
Esperemos que todo se arregle bien pronto.
Gracias.
Feliz año nuevo
Gracias, Meim, por tus emotivas palabras. Que el futuro sonría es didícil. Siempre ha sido así, más o menos suerte para unos y más o menos suerte para otros, pero debemos, al menos quienes pensamos en los demás, en disponer de un mundo mejor. Si es posible. No sé por qué, pero el arcoiris siempre me recuerda al verano, el largo y cálido verano.
Saludos
Lo esperamos, Sergio, lo esperamos.
Igualmente, Miguel Ángel.
Hacia Montalbán de Córdoba.
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