jueves 11 de diciembre de 2008

La tropelía. Hacia el coloquio de los perros

Volviendo a lo de ayer, no conozco perro que ladre bien de su amo, como tampoco conozco empleado que hable bien de su jefe. Se dice que el perro es animal doméstico porque vive en la casa de su señor como criado, del mismo modo que Aristóteles decía que el hombre es animal político porque vive en la 'polis'. Entonces, si el perro vive con su señor como criado poca amistad puede haber entre ellos, pues, como se sabe, entre quien ordena y quien obedece se establece la misma relación que entre el agua y el aceite: siempre hay uno que está por encima del otro.

(Imagen: El pintor Francis de Blas se ha encargado de ilustrar la belleza de estos libros de Artemisa.)

En sus manifiestos marxistas, Groucho decía que fuera del perro el mejor amigo del hombre es un libro porque dentro del perro está muy oscuro para leer. Considerando este supuesto, Artemisa Ediciones nos presenta dos libros y dos perros, dos monedas de las que resulta imposible separar la cara y la cruz sin dolor como resulta imposible separar la uña de la carne sin sangre. Esto último, ser uña y carne, en efecto, tiene que ver con la amistad entre Cipión y Berganza, los perros protagonistas de la novela ejemplar de Cervantes, El coloquio de los perros, y del ensayo que habla de la novela, La tropelía. Hacia el coloquio de los perros.

No sé tú, pero yo carezco de argumentos para echar abajo que “el perro es un filósofo”. De hecho, no resulta extraño que en la novela cervantina el perro sea un animal mucho más racional que el animal racional, es decir, el hombre.
Berganza critica la conducta de todos esos amos que ha tenido; mira cuanto ocurre y no sale de su asombro: la sociedad está corrompida desde todos los puntos de vista. El ser humano ha destruido el mundo y la naturaleza, nos dice, y Berganza no comprende que aún podamos seguir hablando de razón en la conducta irracional del hombre.

Quizá el perro de Bush (¡qué gran filósofo!) sepa las razones que le llevaron a acelerar la destrucción de este mundo.

Ahora que se marcha quizá ladre algo que merezca la pena.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi perro suele hablar de libros cada noche, me lee cuentos y me trae las zapatillas. Es muy listo

Mateo de Paz dijo...

Toda una suerte, Anónimo. En mi caso yo siempre soy el perro obediente.