(Fotografía: ¿Se ha perdido interés en la cama, digo en la trama? Y no hablo sobre el sexo de los ángeles, ¿eh?)“Una de mis peculiaridades como escritor -dice Chandler- es que no quiero descartar nada. He oído que esto no es propio de un profesional, que es una típica debilidad de aficionado no darse cuenta de que lo se escribe no está saliendo bien. Yo me doy cuenta, pero no puedo olvidar el hecho de que tuve una razón, un sentimiento, para empezar a escribirlo, y que me condenen si no quiero preservarlo. He perdido meses de tiempo por esta obstinación. No obstante, después de trabajar en Hollywood, donde el análisis de la trama y la motivación se realiza cotidianamente del modo más implacable, comprendo que siempre es una dificultad de trama la que me detiene. Simplemente, no puedo planificar la trama con bastante antelación. Escribo algo que me gusta y después me da un trabajo infernal hacerlo calzar en la estructura. Esto resulta en algunas extravagancias de construcción, sobre las que no me preocupo, porque fundamentalmente no me interesa la trama”
A raíz de estas notas, me sugiere Raymond Chandler (El simple arte de escribir, Emecé, 2004) que la trama es tan necesaria como el comercio, el bebercio o el fornicio. No olvidemos, sin embargo, y de esto Chandler era un experto, que la trama tiene que ver con la intriga y que dos no discuten si uno no quiere. Incluso en las mejores familias ha habido siempre un asesino, un espía, o un neurótico. Las camas, aunque grandes, resultan tan pequeñas que el compañero o compañera de al lado puede llegar incluso a desconfiar, con mucha curiosidad, de los ronquidos o de las palabras que se dicen al soñar en voz alta la vida.
Pero esa curiosidad, sin embargo, tiene mucho que ver con la desconfianza. En continuo movimiento, tendemos a querer saber más de lo que nos dejan las ventanas cerradas y las puertas condenadas al oxígeno de entrometidos y fisgones. Posiblemente antes, en tiempos de nuestros abuelos, cuando era difícil llevar en el bolsillo o en el morral la pesada llave de hierro que abría las puertas de las casas, los ojos de las cerraduras, no obstante, aproximaban sujeto y objeto, aquellas dos cosas que en román paladino no quieren decir otra cosa que mirón y mirado, dos ingredientes necesarios para toda buena novela negra y de intriga.
Ahora en cambio, los unos y los otros (nuestra clase política sobre todo), debido a la perfección minimalista de llaves y cerraduras, tendemos a recurrir a formas de conocimiento mucho más sofisticadas: micrófonos ocultos, cámaras de vigilancia, internet... El espionaje, la trama y la intriga, queridos amigos, esa actividad secreta extendida a los burdeles y gallineros que son nuestras diputaciones, gobernaciones y alcaldías, nos acecha y observa cada día un poco más: aunque sea disimuladamente.
La única pega que habría que hacerle a Raymond es aquello que dice sobre su falta de interés en la trama. Curiosa paradoja viniendo de un novelista.
5 comentarios:
En la cama hilamos historias y en toda buena historia debe estar la cama donde surgen los problemas de los personajes.
Si algo he aprendido con tu testo es que hilar es tan difícil como coser o hacer bien el amor.
¿En qué trama vives tú? o más específicamente: ¿y tú qué tramas?
un abrazo amigo.
Hilemos, pues. Mi trama es de 1.60 por 2.00. Buena forja y buenas tablas.
Mi entramado es como el de Mateo, pero a fuerza del dale que te pego y mis más de 100 kilos, se ha ido hundiendo. Ahora no hay dale que te pego (o sí, de otro tipo más solitario), pero sigue abombado, de tal modo que lo refuerzo con un entramado menor de 90 por 1.90 (uno que ya soportaba mis vaivenes juveniles) y en las cuatro patas sendos libros (nada relevantes) que evitan que el entramaje zozobre (ya sé que "entramaje" no existe, pero no suena mal y tiene algo de tupido, de enrevesado, y eso viene a ser el nido que mece mis sueños).
J.
No te pases con la muñeca, querido J. Y descansa un poco.
Publicar un comentario en la entrada