domingo 25 de enero de 2009

Una tumba para el talento

“Otra de mis peculiaridades (y en ésta creo absolutamente) es que uno nunca sabe del todo dónde está la historia que uno escribe hasta no haber escrito el primer borrador. Así que siempre considero el primer borrador como la materia prima. Lo que parece vivo en él es lo que pertenece a la historia. Aun si se pierde la claridad, yo mantengo todo lo que produce el efecto de sostenerse sobre sus pies y marchar. No puede planearse una buena historia; tiene que destilarse.”

Entonces, según Raymond Chandler (El simple arte de escribir, Emecé, 2004), la sustancia volátil que es la escritura debe separarse de otras más fijas, enfriando luego su vapor para reducirla nuevamente a un estado líquido con el que contar una historia: es lo que se llama destilación. Pero ¿son las historias, en verdad, sustancias volátiles o, por el contrario, quedan fijas en la memoria de hombres y mujeres? ¿Recordaremos dentro de unos meses, pongamos por caso, la novela de espías que está ‘viviendo’ la Comunidad de Madrid? Y, finalmente, ¿es necesario utilizar ejemplos de la Física para explicar la Literatura? Esto último no lo tengo tan claro.

De todos modos, suele decirse que las historias que uno escribe son revelaciones que hacen surgir lo contenido y oculto de la memoria; ergo, cuando uno escribe saca cosas a la luz: nomina; no destruye, sino que transforma. Y ya que estamos con analogías difusas e interrogaciones retóricas: ¿podría decir hoy aquí que la memoria es esa máquina de destruir papel que tienen (o deben tener) las diputaciones, gobernaciones y alcaldías, aquellas que mencionábamos ayer? Sí. Podría decirlo. Lo digo. De tal manera que, si sucediera algún problema con los nominados de Madrid -se convirtiesen (ellos) en sustancias volátiles o fantasmas que desaparecen sin dejar rastro alguno- pudiese recuperarse fácilmente cualquier prueba, no así el honor del ofendido.

Vale la pena decir, finalmente, que eso que dice Raymond Chandler sobre que él mantiene -al escribir- cuanto "produce el efecto de sostenerse sobre sus pies y marchar" no es un mandamiento tan descabellado como se supone. Chandler, aunque titularan su libro El simple arte de escribir, sabía mucho de escritura, vida y bajos fondos. Él mismo entrevistó al gángster Lucky Luciano en un hotel de Nápoles, además de realizar un informe sobre los premios Oscar en 1946, aunque sin lograr desmontar aquel tinglado de los premios. M
erece la pena, sin embargo, recordar unas palabras que el propio Chandler recoge en este libro del arte de escribir: "Personalmente pienso que Hollywood es veneno para cualquier escritor, una tumba para el talento. Siempre lo he pensado. Pero quizá he vivido demasiado cerca."

Estábamos en otro asunto, ¿no? A propósito de esos espías, le preguntan a Aguirre (Esperanza) en ABC sobre cómo acabará toda esa trama; "en nada", dice ella.

Sin embargo, a estas alturas, la Física ha demostrado que la 'nada' también ocupa algún 'espacio'. No así el 'vacío'.

2 comentarios:

M dijo...

Ah, Mateo, a mí este libro me iluminó con un incendio regiones del sentido de la literatura que ni siquiera había dibujado con exactitud.
Es tan lúcido y tan doloroso que me encanta. Creo que cualquier persona que se deba a su escritura debería conocerlo.

Mateo de Paz dijo...

No es como la Biblia, ¡menudo narrador!, pero se aprenden cosas. Es curioso, pero aunque trate sobre el arte de escribir, el libro fue dictado a una grabadora.