El lector atento podría pensar que, para un autor de flamante prestigio y antiguo talento como ha sido Mario Vargas Llosa (1936), un libro como El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara, 2008) no puede aportar ni decir nada nuevo. Ahora bien, toda su obra anterior a La guerra del fin del mundo (1981) está entre las mejores de la literatura universal (parcialmente de acuerdo), pero esto no puede ni debe hacernos pensar que cuanto escribe y publica un autor de reconocimiento universal, atento también a saraos literarios y faraónicas bodas de hijas de presidentes, tiene talento en sus venas.Entre nosotros, el lector que lo hojee, con su portada exquisita y satinada, verá que el libro, como todo libro de vecino, se abre con un índice de lo más soso y aburrido. Aparecen en él cronológicamente ordenados todos los libros y cuentos mejores del narrador uruguayo: "Bienvenido, Bob", La vida breve, "El infierno tan temido", El astillero, y un largo almidonado etcétera. Ahora bien, el lector que llegue hojeando o leyendo al final del libro, lo último resulta más difícil, tendrá que atravesar once capítulos, un toma y daca con el talento verdadero de Onetti y unos agradecimientos donde se explica que el libro no nació para hacerlo coincidir con el centenario del nacimiento de Onetti (1909-2009), sino que es el germen editado de un curso universitario que el peruano dio en el semestre de otoño de 2006, en Georgetown University. Asimismo el lector, una vez llegado al final sin obtener cuanto pagó por el libro, podrá agradecer, no obstante, tanto el índice bibliográfico como el onomástico, colocados sabiamente en el estertor, acaso como epílogo, acaso como demostración del saber erudito (valga la redundancia) a que nos tiene acostumbrados el escritor peruano. La verdad es que estos índices, cuando hay tanto nombre y tanta cita, son muy útiles para hacerse una idea, antes de pasar por caja, de lo que el lector puede encontrarse en el libro. Creo apropiado, por tanto, incluso tenerlos en cuenta también para las novelas.
En conclusión, El viaje a la ficción promete más que enseña. Salvo ese episodio en el que uno se entera de que Onetti era un maestro en el deporte escolar, o que Borges influyó en Onetti (¡Nada más lejos!), todo es pura charlatanería editorial. El viaje a la ficción resulta un libro pesado que no sólo no aporta nada nuevo a las Obras Completas de Vargas Llosa, sino que no tiene ningún interés ni siquiera para aquellos que todavía leemos a Onetti o que empiezan a leerlo. No obstante, lo más llamativo del libro es la piedra-prefacio, una digresión antropológica en torno al origen de los contadores de historias, a los que el muchas veces candidato a Premio Nobel de Literatura llama «habladores machiguengas», sin llegar a nada científicamente probado o sólidamente verídico. Se me ocurre pensar que tal vez El hablador sea una invención onírica más del escritor de La ciudad y los perros, un argumento absurdum que le sirve a él para establecer una analogía entre el silencioso y grandísimo Onetti y los parlanchines machiguengas. Acaso el mundo de la ficción al que se refiere Vargas Llosa sea el de estos "prehistóricos colegas" y no el del autor de El astillero. Todo es probable en la obra de un vendedor de enciclopedias.
4 comentarios:
Por tu comentario, parece que este libro no es muy recomendable. Hace poco leí La verdad sobre las mentiras en el que Vargas Llosa repasaba los libros más importantes (a su juicio) de la Literatura del Siglo XX y, en algunos casos (no en todos, afortunadamente)parecía que pasaba sobre ellos sin llegar a tocar su esencia.
Sin embargo, su prólogo y su epílogo eran de lo mejor del libro ya que explicaban su visión sobre el arte de la ficción y asentaba la misión de la Literatura en algo más que el puro entretenimiento.
En fin, que me lo pensaré mucho antes de leerme este libro. Gracias por el aviso y un saludo.
A mí hace tiempo que Vargas Llosa me parece uno de los intelectuales cosmopolitas más campestres. El peruano está pidiendo a gritos que lo conviertan en un clásico desde hace muuucho tiempo.
Para los curiosos de verdad, coincido contigo en que esto les va a dejar fríos.
Una vez alguien me dijo, entre cervezas, que lo mejor sobre Onetti era leerlo, introducirte de forma individual en él, con la propia experiencia como base. Y creo que tenía razón, si es que puedo yo acaso enjuiciarla.
Esa es la idea, Gww, que MVLL, el gran explorador en el Congo, pasa por la vida sin tocar la esencia.
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Clásico ya lo es, auqnue a veces parezca antiguo, TengoEstudios...
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¿Fui yo, querido Ca? Por cierto, las cervezas no se mencionan, sino que se beben, ¿eh? ¿La semana que viene, tal vez?
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