"Entramos, aquí, en una materia delicada que ha dado origen a incontables polémicas y a distorsiones y manipulaciones de las obras literarias en función de la ideología. Desde luego que no es aceptable que una novela o un poema sean considerados meros documentos sociales o políticos, como ocurre con esas lecturas dogmáticas, provenientes del marxismo, que utilizan la literatura para ilustrar las relaciones de producción, la lucha de clases y demás presupuestos teóricos del materialismo histórico. La literatura no es un mero producto de la «superestructura» que refleje la estructura social como un espejo. Por el contrario, es una realidad autónoma, construida con la fantasía y las palabras y a partir de la experiencia de un creador que, aunque comparta de un modo general las vivencias sociales e históricas de su tiempo y sociedad con sus contemporáneos, representa sobre todo una conciencia individual insubordinada en tanto que artista y creador contra el mundo en el que vive, al que, más que describir, trata en su obra de reemplazar, oponiéndole otro, hecho a imagen y semejanza no del mundo real sino de su propia rebeldía o desacato del mundo tal como es. Por eso, en literatura, lo realmente literario de una obra no es lo que ésta refleja en la realidad, sino lo que le añade -quitándole o agregándole- en la ficción: el elemento añadido. El mundo real aparece siempre en la obra literaria -sobre todo en las artísticamente logradas- transformado, deshecho y rehecho con la incorporación de ese «elemento añadido» que es lo específicamente creativo de un texto. Ese nuevo ingrediente no es una proyección de lo existente: es un solapado, metafórico o simbólico testimonio del rechazo o inconformidad que la vida real produce y que lleva a los seres humanos, como a Brausen en La vida breve, a oponerle un mundo de ficción."
miércoles 25 de marzo de 2009
La literatura o la vida
"Entramos, aquí, en una materia delicada que ha dado origen a incontables polémicas y a distorsiones y manipulaciones de las obras literarias en función de la ideología. Desde luego que no es aceptable que una novela o un poema sean considerados meros documentos sociales o políticos, como ocurre con esas lecturas dogmáticas, provenientes del marxismo, que utilizan la literatura para ilustrar las relaciones de producción, la lucha de clases y demás presupuestos teóricos del materialismo histórico. La literatura no es un mero producto de la «superestructura» que refleje la estructura social como un espejo. Por el contrario, es una realidad autónoma, construida con la fantasía y las palabras y a partir de la experiencia de un creador que, aunque comparta de un modo general las vivencias sociales e históricas de su tiempo y sociedad con sus contemporáneos, representa sobre todo una conciencia individual insubordinada en tanto que artista y creador contra el mundo en el que vive, al que, más que describir, trata en su obra de reemplazar, oponiéndole otro, hecho a imagen y semejanza no del mundo real sino de su propia rebeldía o desacato del mundo tal como es. Por eso, en literatura, lo realmente literario de una obra no es lo que ésta refleja en la realidad, sino lo que le añade -quitándole o agregándole- en la ficción: el elemento añadido. El mundo real aparece siempre en la obra literaria -sobre todo en las artísticamente logradas- transformado, deshecho y rehecho con la incorporación de ese «elemento añadido» que es lo específicamente creativo de un texto. Ese nuevo ingrediente no es una proyección de lo existente: es un solapado, metafórico o simbólico testimonio del rechazo o inconformidad que la vida real produce y que lleva a los seres humanos, como a Brausen en La vida breve, a oponerle un mundo de ficción."
Etiquetas:
Brausen,
El viaje a la ficción,
Juan Carlos Onetti,
Mario Vargas Llosa
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5 comentarios:
NI pá la hostia
Te animo a que nos vistes en www.literalia.tv
Hombre, lo que dice el anónimo es un poco radical. Yo no diría lo mismo, pero tampoco ese "sobre todo". Más bien habría que decir "únicamente".
Y en cuanto al materialismo, la literatura no será (siempre)parte de una superestructura, pero tampoco es (siempre) una "realidad autónoma" ni una "coincidencia individual insubordinada".
Seguro que estamos de acuerdo en que cualquier generalización provoca problemas.
Saludos,
Yo de joven pintaba. Y eran los setentas. Y era militante de izquierdas. Pero pintaba señoras desnudas y abstractas y barrocas formas. Entonces un compañero pro-chino me explicó que el arte no era eso, que tenía que poner mi creatividad al servicio de la Revolución. Y me dio el Libro Rojo de Mao,para que supiera lo que tenía que hacer.
Estos guipuchis, como sois, Anónimo...
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La he visitado y está muy bien.
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La literatura tampoco es "siempre" literatura, amigo Passy. Y en esas estamos.
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¿Y lo hiciste, Santiago?
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