Un alumno aventajado, consciente de las ventajas de no apagar los teléfonos móviles en el cine, me envía este vídeo. Nuestros órganos desaventajados (según esto) frente a las nuevas tecnologías (y gracias a las ondas) deberían de estar a punto de convertirse en palomitas de maíz.
Por lo demás, como desconfío y me gusta valorar otras opiniones científicas, escribo en San Google“contaminación electromagnética” y, cómo no, en la parte dedicada al “teléfono móvil”, en la que para muchos (no para mí) es la Santa Wikipedia, aparece lo siguiente:
"La contaminación electromagnética, también conocida como electropolución, es la contaminación producida por las radiaciones del espectro electromagnético generadas por equipos electrónicos u otros elementos producto de la actividad humana. Numerosos organismos han descartado que se provoquen daños a la salud debido a las emisiones de radiación electromagnética, incluyendo las de los teléfonos móviles, como la Organización Mundial de la Salud, la Comisión Europea, la Universidad Complutense de Madrid, la Asociación Española contra el Cáncer, el Ministerio de Sanidad y Consumo de España, o el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España han emitido informes que descartan estos problemas. Existen algunos estudios contrarios a la opinión de estas organizaciones como el publicado en 2003 por el TNO (Instituto Holandés de Investigación Tecnológica) que afirmaba que las radiaciones de la tecnología UMTS podrían ser peligrosas, pero han sido rebatidos por otros como una investigación de la Universidad de Zurich, que utilizó hasta 10 veces la intensidad utilizada por el estudio del TNO. En cualquier caso, existe consenso científico en que el teléfono móvil nos expone a niveles bastante más altos que todos los que nos produce una antena grande, ya que la distancia a la que lo llevamos es mucho más pequeña.”
Me dijeron que últimamente no escribía nada, que era un impostor, alguien que vive de las rentas de un lejano microrrelato que fue un "best seller": una línea trabajada durante años de dedicación a la escritura, arduos e inverosímiles ejercicios literarios hasta dar con la palabra exacta. Al final, las ventas del texto me proporcionaron fama y prestigio, pero también suficiente tranquilidad en mi vida como para poder dedicarme a lo único que siempre supe hacer bien: viajar, beber, leer, dormir... ¡Ah, el verano y sus promesas! Conocí a una chica, me enamoré, dejé la escritura porque ella leía mejor. Aquello fue el fin, aunque nunca dejara de pensar en los tiempos literarios y eruditos en que me invitaban a congresos sobre el género breve, charlaba en la radio con los novelistas de moda o me paraban por la calle para pedirme un autógrafo, mi firma bajo el único texto que publicase en mi vida, algo que decía más o menos así: «Fui yo, y no el botones, quien se tiró el cuesco del ascensor».
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Enter
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E) Terrorismo virtual;
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Cuento, luego existo
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ninguna podría entenderse del mismo modo. Quiero decir que cada una de ellas
s...
1 comentarios:
Voy a probar esta noche con choricillos y algo de morcilla; si se fríen tiro el móvil a la basura.
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