Efectivamente, había decidido que la compra no debía ser nada libresca (se trataba de un lavavajillas), pero al no abrir la tienda de electrodomésticos hasta más tarde (mi ansiedad no me deja estar quieto o esperar paseando) me acerqué a la tienda de libros, que sí estaba abierta. En realidad la tienda de electrodomésticos no estaba cerrada, sino que al saber yo que para llegar a ver los modelos de lavavajillas (soy un comprador compulsivo) tenía que pasar por las mesas de novedades (más o menos literarias), no pude resistir detenerme unos minutos para ver el tipo de literatura al peso que estaba sobre las mesas. La verdad sea dicha (si es que existe y es palabra de Dios), pasar los dedos por las portadas satinadas, con sus fajas doradas, rojillas o verdes flema, donde se leen mensajes del tipo «Edición no censurada», «Décimo sexta edición revisada por el autor» (fallecido treinta años antes, por cierto), «Edición no revisada nunca», «Edición superrevisada», «Edición archirrevisada», «Edición blablabla», es algo que me estremece y transporta a lugares difíciles de precisar; a esto se llama dejar la huella dactilar impresa; incluso en algunos libros recién traídos del almacén puede descubrirse fácilmente un pelo de señor o señora, prueba que hoy día serviría para descubrir el ADN. Por no hablar de los mensajitos que dedican los editores para ver si así el libro se vende algo más, 'argumentos de autoridad' (se llaman) compuestos de frases de escritores más o menos famosos que, en muchos casos, en lugar de acertar en la ilustración de la obra, confunden a los lectores y hacen que estos se esperen algo que luego no encuentran. Es sabido que estos argumentos, llamados de autoridad porque se considera autoridad versada en el asunto a la persona que firma la frase y que, por tanto, debería de funcionar como confirmación de la confianza que los lectores depositamos en lectores anteriores, sobre todo si estos son expertos en la materia. Así, me he encontrado novelas en la mesas de novedades recomendadas por cocineros, pintores, políticos, payasos, todo tipo de oficios expertos, claro está, en literatura de masas. Este siempre resulta un tema apasionante.Sin más demora, uno de los libros que más llamaron mi atención tiene una portada cubierta totalmente por una fotografía en blanco y negro, la fachada de un edificio de Barcelona (el título no deja más pistas), y rodeada no de una, sino de dos fajas amarillas. En la primera faja se lee Rafael Jiménez, Barcelona negra; en la segunda, Los casos más apasionantes de la policía Nacional contados por: Santiago Tarín, Andreu Martín… Prólogo de Luis del Olmo. El autor, Rafael Jiménez, compilador y antólogo, es un inspector del Cuerpo Nacional de Policía, Diplomado Superior en Criminología y Diplomado en Ciencias Policiales, todo un fenómeno de la investigación criminal llamado Rafael Jiménez. El libro, Barcelona negra (Planeta, 2009), reúne diez casos policiales interesantísimos (de los muchos que habrá), algunos de ellos famosos y garbados en nuestra retina y memoria, como el secuestro de Quini, el asesino en serie del parking del Putxet, el atentado de Hipercor o el asesinato de Ronny Tapies. Esta faja no miente: son casos apasionantes, aunque no sé si los más apasionantes, algo que suena a «La serie más vista en los Estados Unidos» o «La serie de mayor éxito en los Estados Unidos», que siempre son todas, pero sí estoy seguro de que la pasión que pone la policía a la hora de descubrir un crimen es apasionante, y esto se transmite en el libro.
Para interesados en este tipo de literatura, la Escuela de Escritura Hotel Kafka (ver banner de la columna izquierda) inicia este miércoles un Seminario sobre True Crime (podéis pinchar en la imagen), con la participación de criminólogos, abogados, forenses, etc., que pueden ayudarnos a componer y resolver nuestro crimen literario, desde que aparece el cadáver hasta que el culpable duerme entre rejas.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada