- "No existe una sola causa para explicar por qué determinada persona padece de una u otra fobia, ya que no hay una relación uno a uno entre los antecedentes de un paciente y el desarrollo de un trastorno determinado. Por el contrario: las fobias sociales y las específicas pueden tener numerosas causas que confluyen".
"Hay cosas más raras que la sacrofobia, dijo Elvira Campos, sobre todo si tenemos en cuenta que estamos en México y que aquí la religión siempre ha sido un problema, de hecho, yo diría que todos los mexicanos, en el fondo, padecemos de sacrofobia. Piensa, por ejemplo, en un miedo clásico, la gefidrofobia. Es algo que padecen muchas personas. ¿Qué es la gefidrofobia?, dijo Juan de Dios Martínez. Es el miedo a cruzar puentes. Es cierto, yo conocí a un tipo, bueno, en realidad era un niño, que siempre que cruzaba un puente temía que éste se cayera, así que los cruzaba corriendo, lo cual resultaba mucho más peligroso. Es un clásico, dijo Elvira Campos. Otro clásico: la claustrofobia. Miedo a los espacios cerrados. Y otro más: la agorafobia. Miedo a los espacios abiertos. Ésos los conozco, dijo Juan de Dios Martínez. Otro clásico más: la necrofobia. Miedo a los muertos, dijo Juan de Dios Martínez, he conocido gente así. Si trabajas como policía resulta un lastre. También está la hematofobia, miedo a la sangre. Muy cierto, dijo Juan de Dios Martínez. Y la pecatofobia, miedo a cometer pecados. Pero luego hay otros miedos que son más raros. Por ejemplo, la clinofobia. ¿Sabes qué es? Ni idea, dijo Juan de Dios Martínez. Miedo a las camas. ¿Puede alguien tener miedo o aversión a una cama? Pues sí, hay gente que sí. Pero esto se puede atenuar durmiendo en el suelo y no entrando jamás a un dormitorio. Y luego está la tricofobia, que es el miedo al pelo. Un poco más complicado, ¿verdad? Complicadísimo. Hay casos de tricofobia que acaban en suicidio. Y también está la verbofobia, que es el miedo a las palabras. En ese caso lo mejor es quedarse callado, dijo Juan de Dios Martínez. Es un poco más complicado que eso, porque las palabras están en todas partes, incluso en el silencio, que nunca es un silencio total, ¿verdad? Y luego tenemos la vestiofobia, que es el miedo a la ropa. Parece raro pero está mucho más extendido de lo que parece. Y uno relativamente común: la iatrofobia, que es el miedo a los médicos. O la ginefobia, que es el miedo a la mujer y que lo padecen, naturalmente, sólo los hombres. Extendidísimo en México, aunque disfrazado con los ropajes más diversos. ¿No es un poco exagerado? Ni un ápice: casi todos los mexicanos tienen miedo de las mujeres. No sabría qué decirle, dijo Juan de Dios Martínez. Luego hay dos miedos que en el fondo son muy románticos: la ombrofobia y la talasofobia, que son, respectivamente, el miedo a la lluvia y el miedo al mar. Y otros dos que también tienen algo de románticos: la antofobia, que es el miedo a las flores, y la dendrofobia, que es el miedo a los árboles. Algunos mexicanos padecen ginefobia, dijo Juan de Dios Martínez, pero no todos, no sea usted alarmista. ¿Qué cree usted que es la optofobia?, dijo la directora. Opto, opto, algo relacionado con los ojos, híjole, ¿miedo a los ojos? Aún peor: miedo a abrir los ojos.
En sentido figurado, eso contesta lo que me acaba de decir sobre la ginefobia. En sentido literal, produce trastornos violentos, pérdidas de conocimiento, alucinaciones visuales y auditivas y un comportamiento, por lo general, agresivo. Conozco, no personalmente, claro, dos casos en los que el paciente llegó hasta la automutilación. ¿Se sacó los ojos? Con los dedos, con las uñas, dijo la directora. Sopas, dijo Juan de Dios Martínez. Luego tenemos, por supuesto, la pedifobia, que es el miedo a los niños, y la balistofobia, que es el miedo a las balas. Esa fobia es la mía, dijo Juan de Dios Martínez. Sí, supongo que es de sentido común, dijo la directora. Y otra fobia, ésta en aumento, es la tropofobia, que es el miedo a cambiar de situación o lugar. Que se puede agravar si la tropofobia deviene agirofobia, que es el miedo a las calles o a cruzar una calle. Sin olvidarnos de la cromofobia, que es el miedo a ciertos colores, o la nictofobia, que es el miedo a la noche, o la ergofobia, que es el miedo al trabajo. Un miedo muy extendido es la decidofobia, que es el miedo a tomar decisiones. Y un miedo que empieza recién a extenderse es la antropofobia, que es el miedo a la gente. Algunos indios padecen de forma muy acentuada la astrofobia, que es el miedo a los fenómenos meteorológicos, como truenos, rayos, relámpagos. Pero las peores fobias, a mi entender, son la pantofobia, que es tenerle miedo a todo, y la fobofobia, que es el miedo a los propios miedos. ¿Si usted tuviera que sufrir una de las dos, cuál elegiría? La fobofobia, dijo Juan de Dios Martínez. Tiene sus inconvenientes, piénselo bien, dijo la directora. Entre tenerle miedo a todo y tenerle miedo a mi propio miedo, elijo este último, no se olvide que soy policía y que si le tuviera miedo a todo no podría trabajar. Pero si les tiene miedo a sus miedos su vida se puede convertir en una observación constante del miedo, y si éstos se activan, lo que se produce es un sistema que se alimenta a sí mismo, un rizo del que le resultaría difícil escapar, dijo la directora."
Una pregunta me atormenta esta tarde, una pregunta con tres condicionales: si Bolaño llegó a conocer este Diccionario de fobias, si lo utilizó para esta fóbica parte de 2666 y si, como yo, adolecía de miedo a las fobias, también llamado fobofobia, como se ha dicho ya. Según el diccionario, este tipo de fobia "se define como un persistente, anormal y injustificado miedo a las fobias. Se trata de uno de los miedos irracionales más curiosos, ya que quienes lo padecen temen al miedo en sí mismo. Por eso se conoce la fobofobia como “miedo al miedo”. Los fobofóbicos pueden temer tanto contraer una fobia, como también experimentar un abrumador temor ante la posibilidad de vivir situaciones que despierten su miedo o angustia. La diferencia entre un fobofóbico y una persona saludable es que ante la posibilidad de peligro el primero experimenta una fuerte ansiedad y puede quedar paralizado producto del estrés. El segundo, en cambio, analiza la situación racionalmente, buscando posibles soluciones. Debido a esto, el fóbico es reacio a distanciarse de los lugares considerados “seguros” por él, y esto necesariamente afecta su calidad de vida tanto como su inserción social."
4 comentarios:
Mira por donde acabo de escribir un post sobre el miedo.Una coincidencia más.
Si te puedo decir respecto que los trastornos relacionados con el miedo que estan experimentando un incremento muy grande en nuestra sociedad. Pienso que a pesar de los avances médicos, tecnologicos etc, el miedo más que debilitarse aparece con más fuerza filtrandose en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, en nuestros proyectos...etc turbando nuestra tranquilidad y limitando nuestras posibilidades personales.
Desde luego Roberto Bolaño ha inventando un sinfin de fobias más de las que hay en el DSM-IV.
Mateo me gusta mucho la literatura probablemente no conozca tantos autores como tu pero no solo leo psicología. Creo que una psicologa debe leer de todo. Pienso que un buen libro sea del genero que sea puede servir como cualquiera de autoyuda puesto te enriquece y te da la información que precisas.
Seguiremos con Bolaño, jajaja
Un saludo. Matilde
Sobre las fobias a los diccionarios, ya dijo bastante Cortazar (recuerdo que también Umbral sentía pavor a los diccionarios). Y es lógico. A veces los diccionarios pueden ser macabros, en su etimología exacta de la palabra, ya que "macabro" viene de la palabra árabe "maqábir", que significa "cementerio", o bien "lugar donde están las tumbas" ("ma-qábir"). En cualquier caso, ¿quién quiere diccionarios leyendo "2666"? Es mucha obra para rebajarse a los diccionarios, y aunque en "2666" se contienen muchos muertos, es más un cementerio vivo, tan vivo como los muertos que somos todos nosotros.
Abrazos,
J.
Querido amigo, he de confesar y confieso que, con terror, ansiedad, mareo y alguna náusea acudí a tu anunciado diccionario en busca quizá de una respuesta a mí mismo. Aliviado y con cierto sosiego no hallé mi miedo, "conradofobia" (en su defecto "yofobia"). Seguiremos buscando en regiones indómitas. Con seguridad nos encontraremos. Un abrazo.
Muy buen artículo el del miedo, querida Matilde. Me gustaría saber la razón de que esos miedos hayan aumentado considerablemente en nuestra sociedad, como dices. Un saludo.
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¿Y no tienes miedo a Bernarda Alba, amigo J.?
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Mañana te llevo la definición de conradofobia. Saludos.
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