
jueves 11 de junio de 2009
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El blog de Mateo de Paz
Me dijeron que últimamente no escribía nada, que era un impostor, alguien que vive de las rentas de un lejano microrrelato que fue un "best seller": una línea trabajada durante años de dedicación a la escritura, arduos e inverosímiles ejercicios literarios hasta dar con la palabra exacta. Al final, las ventas del texto me proporcionaron fama y prestigio, pero también suficiente tranquilidad en mi vida como para poder dedicarme a lo único que siempre supe hacer bien: viajar, beber, leer, dormir... ¡Ah, el verano y sus promesas! Conocí a una chica, me enamoré, dejé la escritura porque ella leía mejor. Aquello fue el fin, aunque nunca dejara de pensar en los tiempos literarios y eruditos en que me invitaban a congresos sobre el género breve, charlaba en la radio con los novelistas de moda o me paraban por la calle para pedirme un autógrafo, mi firma bajo el único texto que publicase en mi vida, algo que decía más o menos así: «Fui yo, y no el botones, quien se tiró el cuesco del ascensor».
1 comentarios:
Leí el libro de Jiménez Arribas el año pasado porque tú lo recomendaste en tu blog y me pareció un libro excelente. También su libro de poemas, Darwin en la Galápagos. Creo que estamos ante un autor extraño y diferente a cuant podemos encontrar en las mesas de novedades, pero también en ese circo poético y narrativo al que muchos se aferran creyendo que eso les dará alas con que devorar a poetas y narradores que sí merecen la pena. ¿Puede un autor vivir por libre y encima ser correspondido? Yo creo que sí. Pero estamos tan acostumbrados a los contratos milonarios, como si esto fuera una caracteristica de la calidad que el público vive engañado. Me alegro por Carlos, por su forma de ser y su rigor.
Un abrazo,
Esteban LG
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